jueves 16 de febrero de 2012

¿Trabajo esclavo?

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¿ Esclavos o trabajadores?
No viene a cuento cómo llegué a escuchar tal reflexión. Un psicoterapeuta expone:

"La sociedad nos ha hecho creer que debemos trabajar para otros. Nos han cortado la creatividad y nos han hecho creer que son unos pocos poderosos quienes pueden ofrecer trabajo. Con esta crisis, esta creencia está muy presente. Los trabajadores se aferran al poder del empresario. Piensan que sólo él los salvará de una situación de paro. En él ven la solución para no ser un parado más y, en consecuencia, un excluido más de una sociedad egoísta. Ahora mismo el paro es el nuevo SIDA. Los discriminados son quienes envían currículos, quienes ocupan colas interminables y forman cifras con más de seis ceros.


El trabajo es ahora la licencia para ser adulto. Hace cien años, una persona era adulta si estaba casada. Hace 40 años, un hombre era adulto si ya había hecho la mili. Ahora, quien quiere ser adulto debe tener un trabajo estable. Quien vuelve a casa de los padres o entra en una situación difícil por el paro, pierde la autoridad de la vida adulta".



viernes 10 de febrero de 2012

Entre los tramposos

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Entre los tramposos de las listas del paro, de las reformas laborales, de las entrevistas con preguntas "fáciles" y carentes de pruebas, de los currículos a medio enviar... De todo, en lo que se ha convertido España, un país de supervivientes que miran su cartilla del banco con ojos desilusionados y desesperados.

Menos mal que siempre queda la música y ella, la reina indiscutible. Ni Adele ni Adelo, Amy es única. Su voz, en definitiva, is the voice.


viernes 3 de febrero de 2012

Trotadinero

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Artículo publicado hoy en El Mundo-El Día de Baleares y difundido en la Red. Mucha razón en todo lo que cuenta. El dinero marca la vida de todos. Para bien o para mal es así. Me quedo con esto: 

"El pobre –o cómo el parado bajó el escalón de la clase media– no puede hablar de otra cosa. Crecen sin cesar, a ritmo de la gráfica del Inem, los economistas de salón. Todo desempleado y/o asfixiado por facturas lleva uno dentro. Sin título y con
 pico de Lazarillo de Tormes."


"Gana el banco, empata el moroso y paga el perjudicado. Lo que haga falta para perpetuar un sistema en lucha por transformarse para seguir igual". 


DINERO


POR MARCOS TORÍO


El zapeo de periódicos al que recurro para poder asir este espacio me ha dejado la mente en blanco, en quiebra de ideas, el cerebro hastiado de titulares en números rojos. No importa que las informaciones versen sobre despidos en la Administración, el cierre de una aerolínea, los trajes de Camps, el que le ha hecho Urdangarín a la monarquía o la enésima vez que la sargento Merkel llama al orden al españolito de boina y cargo. La raíz es, en todos los casos, monotemática: dinero. 

Dinero que falta, evaporado en las manos de prestidigitadores –y desprestigiadoras– de la especulación y la irresponsabilidad. Pasta ficticia, lustrosa por fuera y hueca como una masa de hojaldre en el horno, que polinizaba bancos, capitales etéreos y créditos sin que nadie supiera qué viento había traído la semilla. Los expertos de las más renombradas universidades se encargaban de legitimar la reproducción asistida, aun conociendo la gestación fantasma. 

Ni los pudientes pueden resistirse al lenguaje de los billetes, considerado en su círculo como de mal gusto. Una ordinariez con la que desenmascaraban a los congéneres de nuevo cuño. No se lamentan –está feo, ya se sabe–, pero dejan de adornarse la fachada de su vida. Guardan bajo el colchón de la casta con la seguridad del margen. El pobre –o cómo el parado bajó el escalón de la clase media– no puede hablar de otra cosa. Crecen sin cesar, a ritmo de la gráfica del Inem, los economistas de salón. Todo desempleado y/o asfixiado por facturas lleva uno dentro. Sin título y con pico de Lazarillo de Tormes. Picaresca del consumismo. El arte del regateo. Se renegocian la tarifa y los servicios de la ADSL, las comisiones del banco y ya no importa tanto el último módelo de móvil como una rebaja en la factura. En realidad, cada vez se habla menos sobre las desgracias. Se chatean por WhatsApp. 

La lupa del ahorro prende donde antes nadie acercaba el ojo. Los intermediarios tiemblan y los servicios luchan por ser esenciales, imprescindibles en la rutina capitalista. La criba es imparable. Hay quien conduce hasta Sa Pobla a por sacos de patatas recién cosechadas igual que se descargan películas para ahorrar la entrada de cine. Las palomitas son un lujo; el refresco, combo del exceso; y el cierre de Megaupload, una estocada –comprensible– al ocio gratuito. Las primeras marcas han mutado en entes con menos brillo, un poltersgeit incapaz de escapar de la pantalla del televisor. La cartera perdió su condición autómata y escala, consciente, la inflación del miedo. 

Todo parece caro. Por eso el secreto del éxito radica en simular ser barato. O incluso en conseguirlo. A cualquier precio. Valga la redundancia. Ryanair imparte lecciones de necesidades básicas y las empaqueta en una maleta de 55x40x20 centímetros. Se puede viajar con equipaje de mano, igual que no hay yogures malos sino paladares demasiado exquisitos. Todo depende de la nómina con la que se mire. 

Mientras, los acreedores tocan puertas cerradas. Y, si se abren, recibe el banco. El Govern ha lanzado a los suyos a las entidades de confianza, que saldan la deuda a cambio de que el asfixiado se haga cargo de los intereses del crédito autonómico. El colmo: aceptar impuesto revolucionario por cobrar lo propio. Euríbor más dos puntos de diferencial. Otra medida lenteja: o la tomas o la dejas. Gana el banco, empata el moroso y paga el perjudicado. Lo que haga falta para perpetuar un sistema en lucha por transformarse para seguir igual. 

Merkel apretará a todos para que los griegos le paguen; los dueños de Spanair sestearán como consejeros de alguna corporación, deseosa de saber cómo levantar tanta pasta sin consecuencias; Urdangarín expondrá sus teorías sobre la polinización ante el juez; y Ryanair afianzará su condición de metáfora de la crisis. Así, este artículo, como los periódicos, sólo hablaba de dinero. 

viernes 27 de enero de 2012

Revetla

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La semana pasada, a estas horas, estaba leyendo esta crónica. No había sido publicada aún. El periódico en el que trabaja mi inquilino lo haría al día siguiente. Refleja lo vivido en mi primera revetla, una noche más para recordar en Palma.


La revetla ‘low cost’ de las ‘marcas blancas’

La cita pierde seguimiento con un cartel de versiones, orquestas y pinchadiscos 


MARCOS TORÍO / Palma
Buena, bonita y barata. O sólo barata. Revetla de saldo, oiga. Conciertos a porrillos. Rápido, que me los quitan de las manos. Se me acaban, señora. Corran antes de que se agote la música para el niño y la niña. Pasen y toquen el género, noten cómo Sant Sebastià huele más a mercadillo despoblado que a parrilla. Más a crisis que a litrona. Más a marca blanca que a pedigrí. Más a cama que a trasnoche. La puntilla de 2012. Sin esperar a los mayas. 


BAJAMOS LOS PRECIOS. Hay sitio para todos. De sobra. Un puñado de prostitutas asa chorizos en una parrilla redonda, de armazón rojo y tres patas, un platillo volante de hipermercado. El off de la fiesta en la Puerta de San Antonio. Diez de la noche y San Miguel bulle justito. No más que al cierre de un laborable. En la calle del Milagro, la barra del PSOE vende souvenirs revetleros –cervezas, bocatas y pringue variada– y lema protesta: El PP sube los impuestos, nosotros bajamos los precios. Lo segundo, como todos. Hay refrescos y cervezas a un euro. La oferta es mucha; la demanda, poca y las carteras con euros, muy tímidas. Manzanas caramelizadas, castañas asadas, pistachos y palomitas dulces reposan junto a la máquina del algodón de azúcar. No hay manos guardando cola por un palo de nube rosa. Las de los efectivos de la Cruz Roja están una sobre la otra. Noche tranquila.
La plaza Mayor ondea a media asta la bandera de la mallorquinidad. Brazos en alto y castañuelas. Un bolero de Tralai. «Ben ballat», celebran desde el escenario. Las cabezas del folclore, movidas en un ritmo mediterráneo, recortan la gran hoguera al fondo. Las llamas se elevan queriendo dar calor a los revetlers y a la fiesta, que falta le hace. Aunque el frío no sea térmico. 



MARCAS BLANCAS. Vía libre hacia Cort, desde donde reverbera el estribillo de Devuélveme a mi chica a cargo de GinTonics Band. Marca blanca de Hombres G y de El sueño de Morfeo… Versiones previas al regreso de La Granja, ya talludita pero efectiva ante su público nostálgico. Lo más animado hasta el momento sale grabado de los altavoces: el tema viral Ai se eu te pego de Michel Teló, un fenómeno de base futbolera. Lo canta Ronaldo y lo pincha –millones de veces– youtube. O cómo hacer que, de repente, cualquiera sepa decir algo en portugués. 
El aroma de un par de platos de plástico con panceta guía hasta Santa Eulalia, desprovista de jazz. Un pinchadiscos hace lo que puede en una esquina con temas de Grease y Waterloo de Abba. Esquerra Unida sigue en la batalla napoleónica del tenderete anticapitalista. Juegos de palabras con –y contra– bancos, que equiparan a Satán y la mafia italiana. Y menú Duque de Palmarena en la carta: cárnicos y refresco. Al estilo ferial, invitan a derribar una pirámide de latas con las fotos de Merkel, Sarkozy, Rajoy, Bauzá y miembros de la Familia Real. Cincuenta céntimos tres tiros. Se echa en falta el rincón de UM, antaño repleto de una cohorte de votos comprados. Las hamburguesas con queso ganan sitio en las parrillas.
 


UN PAYASO BORRACHO. Andalucía ha vuelto a Sant Francesc. «Collons, hi ha un coro rosiero aquí», se sorprende un paseante. No le falta un perejil a la propuesta. Ni su matita de romero en el sombrero. 
Ambiente de bajón en los soportales del Parlament. Pasadas las once, se habrán acabado las bandejas de comida gratis en la verbena del PP, que no muestra consignas. Ni un solo letrerito reivindicativo. La orquesta hace lo que puede con una canción de Fito. Más marcas blancas. Un tipo ebrio disfrazado de payaso remata la estampa a lo Balada triste de trompeta. Escaleras abajo, Haddock’s Orphans eleva el nivel con un sonido de rock elegante. De la Fé y Las flores azules congregará a la sección modernos y hiphoperos suavecitos. Muchofeeling con el público. 
 


LA LEVITA AMARILLA. Las parrillas languidecen, nada suda grasa en sus barrotes, apenas corre el vino y, aunque es medianoche, de las papeleras todavía no brotan los desperdicios. Contención de gastos, de restos, de fiesta. Pero ahí está Coti, con levita amarilla, demostrando que hay música más allá de un pegajoso hit de verano con la inefable Paulina Rubio. La cosa se anima. Se arremolinan los fieles. Y lo disfrutan. Las cajas de McDonalds se vislumbran sin problemas desde la puerta, la barra del Bosch está necesitada de codos; y sus llonguets abrigados con servilletas, de gaznates. Bocatta sirve al momento, insólito un 19 de enero.  


NEVERA DE GOGÓ. Preguntas sin respuestas: ¿Dónde está la multitud? ¿De puente, camino al aeropuerto? ¿Las parrillas de barrio han dispersado y descentralizado la fiesta? Se necesita el don de la ubicuidad para cumplir con el cartel. Maldita Nerea tiene loco al chavalerío en la plaza de España, asentada como resguardo de jóvenes. El grupo triunfa, se marcha, se hace el silencio mientras preparan los platos del dj Jonathan Castilla, que le pega al dance de nuevo cuño desde su púlpito. Una de Flo Rida, otra de Alexandra Stan y, sorpresa, revolución, Ai se eu te pego. Te pego, te pego, pegajosa. El pinchadiscos dispara una foto con el móvil para colgarla en Facebook. ¡Bota, bota!, jalea. A ritmo brasileiro, unos colegas se turnan la nevera playera como trono de gogó, chistera de la que se aparecen copazos en vez de conejos. Mimetismo de low cost con la revetla. 
Toca desandar el camino, quemar suela hasta la plaza del Olivar, rincón latino de reggeaton y de gallos con versos raperos en las espuelas. En un vistazo rápido, sobre la estatura media, sobresalen espaldas de portero de discoteca, grandes cabezas inmóviles frente al ritmo del conjunto. 
Los bomberos matan la hoguera de la plaza Mayor cuando el folclore ha guardado los rebosillos. Se hace la luz artificial a la vez que se apaga el fuego. El que no llega a encenderse en La Lonja, nueva en el circuito y de capa caída pese a las propuestas de jazz. 
 


TU CALORRO. La callejuela a Sant Francesc desemboca en un reguero de espesas cabelleras negras mechadas con decolorante de trazo grueso. Una silla de comedor entre la multitud mejora la visión del escenario para una niña con pendientes de oro como aldabas. La Húngara está crecida. Embutida en un vestido con agujero lateral para mostrar cadera, se emociona y agradece los aplausos. «Me habéis puesto los pelos tiesos», confiesa. Quería decir que se le había erizado el vello, que tenía la piel de gallina, pero le salió así de racial. Taconeo, vuelta bajo su brazo, el cuerpo en un volante. «Esto es como Callejeros», declara fascinada una recién llegada. «La Húngara es mucho», la secunda un revetler canario. Y más leré leré. Y más Callejeros. Toma, toma, toma. Palmitas hasta que también se hace la luz en la plaza y muere la noche.  


SOBRA LEÑA, PIDEN LEÑA. Bajo las parrillas, madera que acabará en un contenedor de Emaya. Ha sobrado hasta leña. La que piden en Cort, donde Juan Campos tiene al personal con los brazos haciendo primero una Y, luego una M, una C y una A. Guayemsiei, de los Village People. El dj, con chaqueta de lentejuelas amarilla, pilota el viaje a los 70 y los 80 con la ayuda de un speaker y Tormenta, que provoca una reflexión petarda de una asistente: «Una drag queen anima mucho. Siempre te resuelve la papeleta». Pues eso, que Tormenta se lanza al playback cuando Campos pincha I will survive, It’s rainning men o Mil campanas. Van sonando Highway to hell, The final countdown y Living on a prayer, que celebran un grupo al que se le ha agujereado el vaso de litro con vino y lo usa ahora como porrón. Ses Voltes está a lo suyo, resistiendo como Cort, aunque fuera del programa. Rock, rock y más rock y nada de drags. 
El reloj del Ayuntamiento marca las 2.30 de la madrugada. Los vecinos del cuarto piso del edificio de enfrente bailan en el balcón. El resto es persiana tapiada por el descanso. A Campos, el equipo municipal le prorroga media hora el espectáculo. Y suena Michel Teló. Ai se eu te pego, nossa, nossa. «Bona nit i a ca una puta ses putes crisis», sentencia el dj. Esto se acaba. Está to el pescao vendío, que diría La Húngara. Una revetla olvidable que ha costado vender. Ya convertida en cenizas, es sólo polvo gris low cost.

miércoles 18 de enero de 2012

Parado y tonto

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¿De verdad toman por tontos a quienes no tenemos un trabajo al que asistir cada día? ¿De verdad creen que a un periodista se le puede pagar 2,50 euros por un artículo? ¿De verdad es necesario pasar tres entrevistas para no ser elegido? ¿De verdad es humano que te llamen para trabajar con un contrato cerrado y te lo anulen dos días antes de incorporarte?

Demasiadas preguntas y todas tienen respuestas equivocadas.
-No lo sé si nos toman por tontos pero sí se aprovechan de nuestra desesperación para manejarnos como marionetas. -Quienes hacen ofertas como éstas sólo ayudan a denigrar más esta profesión. Los que la ejercemos no podemos permitirlo porque esta situación ya es hoy nuestra desgracia. -No creo que sea necesario pero sí es como funcionan ahora las cosas. Tres entrevistas o cuatro para no ser elegido. Lo único que importa es tener un contacto. Así es España. -No es humano pero sí puede ocurrir. Nadie piensa en quien descuelga el teléfono, en su pérdida de rumbo, en su cansancio en la espera, en su temido fracaso, en sus sueños derrumbados... Como dice una gran amiga, "se está perdiendo la humanidad".

lunes 19 de diciembre de 2011

Carta a Cayetano Martínez de Irujo, el ejemplo de progresar

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Querido Cayetano,

Hace ya una semana de su aparición en Salvados. Desde entonces no he dejado de pensar en la siguiente frase, que usted pronunció: "Los jóvenes andaluces no tienen ningún afán de progreso. Son diferentes al resto de España. Ni en Extremadura pasa, solo en Andalucía. Aquí, la gente no quiere progresar". Ante esto, me pregunto cuál es el significado de progresar para usted. Tal vez, es el de heredar, algo conocido por usted, ¿no? ¿Eso es progresar en la vida? ¿Recibir lo que mi madre tiene y sacarlo adelante? Le cuento cuatro casos de personas andaluzas, todas de mi familia.

1. Antonio se quedó sin padre a los tres años. Nació en los años cuarenta en un pueblo muy pequeño de la Sierra Sur de Sevilla. Nunca pasó hambre pero recuerda con especial atención la mañana en que se encontró un papel con atún y se lo comió a escondidas con miedo a que descubrieran su "tesoro". Tuvo su primer trabajo a los nueve años. Estuvo una noche guardando cochinos y cuando regresó a su casa, su abuelo, al que consideraba su padre, le dijo: "¿qué te pasa? ¿por qué lloras?" Él contestó: "No quiero ir más, abuelo. Me da miedo". Su abuelo, tranquilo y paciente, le dijo: "No llores más. No vas a ir otra vez". No lo tuvo que hacer nunca más. A los 24 años decidió irse a Alemania con unos amigos del pueblo y cuando regresó, tres años más tarde, se quedó con su novia en Sevilla. Allí trabajó, primero, en una fábrica de abono y después, durante 35 años, como camionero en una empresa. Ahora, pasea su vejez entre un colegio de adultos para obtener el título de secundaria, la práctica del deporte y la recogida de aceitunas. A diario come atún y no se esconde de nadie, viaja a Alemania o Londres no por trabajo sino por placer y anima a sus hijas a luchar por lo que quieren.

2. Ana nació en el cortijo El Kiosko de Moreta, en Sevilla. Su padre lo heredó de su suegro y allí plantó unos olivos que hoy tienen casi cincuenta años. Era la niña de su familia y, como tal, nunca le faltó algo de comer que llevarse a la boca. Sus días pasaban entre cuidar la gallinas, recoger sus huevos y limpiar la casa. Desde su cortijo, se veía el pueblo y ella soñaba siempre con vivir allí, lejos del campo y cerca de la gente. Lo consiguió a los 18 años pero no se fue al pueblo. Viajó hasta Sevilla con una tía y empezó a trabajar como costurera en una boutique. Cuando su novio regresó de Alemania, le pidió que se fuese al pueblo con él. Ella no quiso y le dijo que si quería estar con ella tendría que vivir en Sevilla. Ya había dado una señal en un piso para comprarlo. Él, enamorado, cedió y se vino a la capital. Después de cuatro años de convivencia, tuvo dos hijas a las que inculcó el sentido de la responsabilidad y el valor de la independencia económica.

3. Ana Reyes nació ya en Sevilla y fue a uno de los colegios concertados de la ciudad. Su infancia la pasó en un piso de 49 metros cuadrado, en el que llegaron a vivir sus dos abuelas, sus padres, su hermana y ella. A pesar de no estar en una casa rodeada de libros, prefería quedarse leyendo o viendo la televisión en casa a estar jugando con las demás niñas en la calle. Con 23 años, terminó su carrera de Turismo y se marchó a trabajar a Londres. Allí estuvo cinco años y consiguió dirigir el departamento de ventas de fútbol de un tourperador británico. Ahora es azafata de vuelo y recorre el cielo aéreo de Europa y del Norte de África. Hoy es una lectora voraz de libros en varios idiomas y ama el placer de cocinar, ver series de televisión on line y viajar.

4. Manuela Reyes es la misma que escribe. Estudié en el mismo sitio que mi hermana, Ana Reyes, y aprendí las ganas de luchar y las ventajas de la independencia económica inculcadas por mi padre y mi madre respectivamente. Fui la primera de mi familia en tener una carrera universitaria, soy periodista y  no me ha faltado el trabajo hasta hace un año. Desde entonces, ando enmascarando mi rutina con trabajos de sustituciones, colaboraciones y cursos de formación. Mis ideas futuras pasan por poner fin a esta situación aunque para ello tenga que emigrar a otra parte de Europa o, incluso, a América Latina.

Estas son las cuatro historias. Ahora le toca a usted, señor Cayetano, ¿considera que esto es progresar o no?